viernes, 15 de agosto de 2008

Preguntar o no preguntar, esa es la pregunta

La Facultad de Filosofía puede ser un lugar bastante cruel, en donde el error o incluso la duda son condenados con dureza.

En los primeros cursos, multitudinarios (después hay un proceso de decantación y de separación, según la especialidad), existe una extraña costumbre entre los alumnos. El profesor o la profesora dan su clase, hablando en voz alta. De pronto, un chico de 19 años levanta su mano. El docente interrumpe su discurso, señala con su dedo índice y pregunta:

- ¿Sí?
- Heidegger, en su libro Ser y tiempo, dice que... - y empieza una larga descripción, bastante inentendible y remata con una interrogación aún más extraña.

Los demás estudiantes, pensamos:

- Pucha, yo no leí ese libro. Por otro lado, ¿quién es Hiedegger? Espero que nadie me pregunte nada de él.

Entonces, ponemos caras serias y asentimos, como diciendo 'el chico tiene razón', disimulando que el inesperado discurso tiene la misma significación para nosotros que un chiste contado por un chino en estado de ebriedad.

Con los años, con el tiempo, descubrimos que el estudiante que hizo esa pregunta sólo había leído un resumen de Heidegger y que repetía el mismo comentario en cada una de las clases a las que asistía, porque de hecho, su pregunta no era una pregunta. Era simplemente una proclama para que los demás supiéramos que el conocía un libro que realmente no conocía.

Pero más adelante, la tendencia cambiaba. Cuando uno ya no es un principiante, tiene miedo de reconocer que algunas de las cosas dichas en clase no fueron totalmente comprendidas, porque nuestros compañeros exclaman ante una pregunta que ellos consideran injustificada un: 'este no sabe nada'. Entonces, un se ve ante la disyuntiva de mantenerse en una ignorancia anónima o reconocer sus limitaciones y ampararse en los conocimientos del profesor.

Cierta tarde me encontraba en medio de un aula repleta. La materia era Filosofía Medieval. Nos hablaban de los razonamientos de algunos filósofos que mezclaban su lógica y su fe o, mejor, forzaban la lógica para que justificara su fe. En medio de esa situación, de hogueras para los herejes y condena social para los ignorantes, una duda apareció en mi cabeza. Y empezó a carcomerme la mente. ¿Levanto la mano? No sé. ¿Debo preguntar? Estuve como 40 minutos evaluando si era mejor ser un burro imperceptible o un estúpido público. Finalmente, mi brazo se extendió. La profesora, a la que admiraba un poco, interrumpió una oración para cederme la palabra:

- ¿Sí? - me dijo y ya todo estaba resuelto. No podía echarme atrás, no podía arrepentirme. Tenía que soltar mi pregunta, sin más remedio ni dilación.

Con voz vacilante, dejé que mi lengua tropezara algunos sustantivos y verbos. La profesora logró reconstruir, con buena voluntad, lo que yo había querido decir y, finalmente, exclamó:

- ¡Muy buena pregunta!

La alegría invadió mi espíritu de tal forma, que jamás logré escuchar su explicación.

20 comentarios:

Alejandra dijo...

La eventual pelotudez del alumnado no es patrimonio exclusivo de Filosofía: están por todas partes, te lo juro.
Me hiciste reír con la disyuntiva burro imperceptible/ estúpido público.
Muy bueno.

María Eugenia dijo...

jajajaja MUY BUENO!! en mi facu de derecho pasa igual. Siempre un clown levantando la mano solamente para hacernos saber a todo que él leyó un libro... o sabe de un autor directamente por la fuente... grrrrr

Martín dijo...

Sí, supongo que la estupidez excede los límites de mi facultad. Qué lástima, ¿no? Estaría bueno tener la idiotez circunscripta entre Bonifacio y Pedro Goyena.

madre hay una sola dijo...

¿¿era la Magnavaca?? decime que era la Magnavaca por favor!

Martín dijo...

No, era la otra cátedra. Ya no me acuerdo los nombres. Y era una adjunta. Es curioso. Yo siempre hice las otras cátedras de todas las materias.

MALENA dijo...

muy bueno!!!
Exploté en carcajadas con lo de "burro imperceptible o estúpido público"

y con el comentario matador:
Estaría bueno tener la idiotez circunscripta entre Bonifacio y Pedro Goyena.
jaj JjjJjjajajajJ jJajJAJ
Esperando que alguna vez alguien te haya repetido la respuesta,me despido atte.

Fritz dijo...

muy cierto! cuando enseñé en la universidad, al que hacía una pregunta pelotuda en lugar de responderle, lo hacía razonar, frente a toda la clase. No jodían más. Aclaro que enseñé derecho así que es un poco diferente.

celeste dijo...

Hola Martin, tenés tanta razon!
Yo estudié Historia, en las mismas coordenadas.
Mi carrera tiene una versión interesante al del alumno que siempre pregunta para hablar.
Son los que piensan que TODO debe ser explicado a la luz del materialismo histórico, ni bien descubren que el profesor no atisba a incluir en su clase el tópico, se lanzan a ponernos al día con dosis intensivas y profusas sobre el mismo. Dejándonos las cabezas voladas, e incapaces de volver a concentrarnos en otra cosa que no sea el imperialismo y sus secuelas, que tiene la culpa de todo y que vaya uno a saber como llegamos a eso mientras analizábamos las puntas de flecha en la clase de arqueología.
Me gustó el Blog, Saludos!

Irene dijo...

Tranqui Martín, en la facultad de psicología también pasan cosas parecidas...

Martín dijo...

Gracias a todos por sus comentarios.
Malena, no, nadie me dio la explicación que necesitaba, pero no importa. Si olvidé la pregunta, es muy posible que hubiera olvidado la respuesta.

Fritz, lo de razonar en público es un poco cruel. A mí siempre se me ocurren las mejores respuestas e ideas diez minutos después de volverse inoportunas.

Anónimo dijo...

Yo enseño en posgrados y lo que hago no tiene ni pies ni cabeza: como las aulas son grandes repito la pregunta para que la escuchen todos y si es una pelotudez la maquillo un poco; generalmente el que preguntó una pelotudez dice bajito: "eso quería preguntar".
Dulce Sof

Martín dijo...

Un anónimo que firma, qué espíritu contradictorio. Bueno, Dulce Sof: eso puede ser también una buena estrategia para cuando no sabés la respuesta que te están pidiendo. Ejemplo:
- ¿Cuál es la raíz cuadrada de 29?
- Ah, vos querés decir cuánto es 2+2. 2+2 es 4.

Chioda dijo...

muy bueno martin. yo empece la carrera de historia este cuatrimestre. ya varios compañeros estan hace mas tiempo y lo que para ellos quiza es obvio, para mi no lo es tanto, y sobre todo hay mucha diferencia en el ritmo de lectura. gracias por no hacerme sentir un extraterrestre! excelente blog!

Martín dijo...

Chioda: A pesar de lo que te hagan creer allá, sabé que tenés derecho a no saber. Al fin de cuentas, si supieras todo, irías a la facultad a dictar clases y no a recibirlas.

Si estás yendo a la UBA, al menos en mi época eran muy recomendables unos alfajores del "bar" (sí, entre comillas) de P.B. (estos son los conocimientos imprescindibles, los académicos, en cambio, son negociables).

Arlequín dijo...

Después de 18 años volví a la facultad a estudiar la carrera que nunca empecé por elegir criar a mi retoño.

Me veo envuelta entre la dieciochoañez de mis compañeros, la falta de capacidad de alguno de los profesores, y mi insaciable curiosidad, que me lleva a preguntar, parafrasear y frenar la clase diez minutos hasta que me queda claro que entendí. Si, soy insoportable, qué le voy a hacer. Ya lo asumí y los profesores también, por el bien de ellos.
;)

kiss
Arlequincita

Martín dijo...

Arlequincita: Pero estar más allá del bien y del mal en ámbitos académicos te concede una ventaja francamente antideportiva. ¿Dónde quedó el fair play?

Arlequín dijo...

...¿en la cancha de fútbol?

Martín dijo...

Arlequincita: No, creo que tampoco allá.

Ceto dijo...

Excelente arículo realmente escribes muy bien, te felicito !!! seguire leyendo tus post !!!

Martín dijo...

Ceto: Gracias, ojalá verte de nuevo por acá.