viernes, 2 de enero de 2009

De los blogs

A Roberto Farías le gustaba la palabra berenjena. Sin embargo, no soportaba esta verdura aunque estuviera escondida en pan rallado, disimulada en medio de una milanesa. Por el contrario, odiaba la palabra blogger. No obstante, se convirtió en uno la misma tarde en que decidió volcar sus módicas aspiraciones literarias en Internet.

Estaba convencido de que toda empresa terrestre o celeste destinada a la trascendencia debía contar con un antagonista:

- Desde que Adán se sintió interesado por el negocio de la fruta, ya había una serpiente enroscándose entre sus palabras para incitarlo a la desobediencia - comentaba en mesas de café.

Roberto Farías creía entender el movimiento cósmico y ser lo suficientemente astuto como para no oponerse a él. Por eso, antes de decidir el nombre de su blog, ya sabía que Casimiro Rosende sería su enemigo acérrimo, nacido de su propia imaginación con el único fin de refutar torpemente cada una de sus ideas.

Por estas cuestiones de la psicología o de la metafísica, Roberto tuvo un comentarista antes de hacer el primer comentario y sonrió, pensando que en rigor el tiempo era una ilusión y que visto desde la eternidad, un reloj no era más que el producto aberrante de este gigantesco manicomio en que vivimos, donde los internos están dispuestos a contabilizar la vida con fines comercial.

También creía ser buen observador de la realidad. En su primer artículo criticó duramente a una secta a la que denominó los preventores. He aquí algunos pasajes de su prosa:

[...] Los preventores son un grupo de individuos que promueve catástrofes en su afán de evitarlas. [...] Se trata de personas que recomiendan no tener miedo a los perros, ya que los simpáticos canes tienen la capacidad olfativa de advertirlo, pero lo confunden (porque no son tan vivos; al fin de cuentas, son perros) con la planificación de una emboscada. Estos animales al ver a un tipo temblando, sospechan que se viene un golpe artero y como también suponen, quizás con razón, que no hay mejor defensa que un buen ataque, se lanzan sobre los brazos, piernas o cuellos de sus supuestos agresores, quienes, en rigor, no hicieron más que destilar adrenalina por unos segundos.

¿Pero a quién puede servirle el consejo de desterrar el miedo? El temor no es un acto voluntario. Es una emoción que surge a nuestro pesar. Aunque fuera verdad el cuento de que los perros tienen, además de dentaduras filosas, la inaudita capacidad de advertir el miedo, los preventores cumplirían mejor su misión llamándose a silencio y acallando estos comentarios zoológicos, más propicios para completar las páginas de la revista de la National Geographic que para tranquilizar a un incauto.


Inmediatamente después de publicar estas ideas, Roberto se transformó en Casimiro y con animosidad belicosa ingresó en el blog para refutar estos conceptos. Casimiro tenía dedos filosos. Cuando saltaban sobre el teclado, se volvían sarcásticos e hirientes. En pocas líneas expuso por qué los preventores eran útiles a la sociedad y desestimó las consideraciones de Roberto. He aquí algunos pasajes de su refutación:

[...]Todo conocimiento se alcanza por medio de la imitación. El estudiante de medicina no opera a un tipo el primer día de clases. Hace simulacros, ensaya y después de muchos años, bisturí en mano, salva una vida o ejerce la corrección de una cirugía estética. El cobarde puede aprender la valentía sometiéndose a actos de arrojo. Si vence el miedo una y otra vez, conseguirá convertirlo en un rival débil .[...]

Usted mismo, mi querido Roberto, si continúa escribiendo esta clase de comentarios torpes, es probable que se termine convirtiendo en un perfecto idiota.

La idea de Roberto pareció dar resultado. Atraídos por la violencia de los comentarios, los lectores y acotadores no tardaron en aparecer. Lo curioso del asunto, es que la beligerancia de Casimiro ganó más adeptos que la pacífica escritura del único y verdadero autor. La gente apoyó las refutaciones con fervor, defendió los conceptos del agresor y agregó nuevos argumentos, cuando no insultos, destinados a Roberto, quien se sonrió ante este hecho inesperado y decidió torcer la balanza a su favor.

Los artículos posteriores intentaron ser más elocuentes y los comentarios de Casimiro empezaron a mostrar falacias evidentes, constantes absurdos y afirmaciones discriminatorias e intolerantes. Roberto intentaba convertir a Casimiro en un ser despreciable, pero había algo en su escritura que resultaba convincente y los lectores siguieron apoyando sus conceptos y disimulando cada una de las atrocidades vertidas.

La popularidad de Casimiro se magnificaba día a día. Sus seguidores comenzaron a recomendarle que escribiera un blog propio al que visitarían con frecuencia. Roberto, entonces, tomó una medida drástica. Dejó de personificar a Casimiro y, de esa forma, lo amordazó. Sin alma, el personaje no era más que una marioneta echada en un armario viejo. Inmediatamente después, de este secuestro, escribió un artículo sin refutaciones de terceros ni de primeros. Al cabo de pocos días, los comentaristas dejaron leer su desconfianza. No le prestaron atención al artículo y empezaron a elaborar consideraciones acerca de la suerte de Casimiro, que había desaparecido de un día para el otro, sin dejar rastros. ¿Le habrá pasado algo? ¿Alguien sabe algo de él? La ausencia de Casimiro lo hacía aún más renombrado. Todos estaban preocupados e intentaban adivinar el paradero de ese desconocido tan familiar. Estas fueron las especulaciones que pudieron leerse.

- Para mí que lo están baneando - explicó uno.

- ¿Qué es banear? - preguntó otro, no tan al tanto de los neologismos cibernéticos.

- Es prohibirle hacer comentarios - agregó el primero - mediante un recurso de computadoras. Roberto no pudo soportar la polémica y en lugar de tener una actitud democrática, decidió librarse de su oponente.

- No, yo no lo baneé. Casimiro puede escribir cuando quiera - agregó Roberto, aunque sabía que se trataba de una verdad a medias. - Si no lo hace, es por su propia voluntad.

- ¡Mentira! - le respondieron -. Si no, Casimiro seguiría apareciendo. No podés soportar que sea más inteligente que vos y decidiste eliminarlo.

- Nada puede crear algo mayor a sí mismo. El producto no puede ser más grande que se hacedor, por definición - replicó Roberto, para dar por terminada la discusión.

- ¡No es imposible! ¡Dios ha muerto y los autores también! Firmado: Casimiro.

Grande fue la sorpresa de todos al volver a ver al comentarista, pero ninguna fue tan grande como la de Roberto. Él no había escrito esas palabras, que fueron las últimas de oponente.

Roberto siguió publicando artículos, pero los comentarios, siempre relativos a su rival, se fueron haciendo cada vez más escasos, hasta extinguirse definitivamente. Cada tanto Roberto visita su propio blog, con la esperanza de encontrar alguna respuesta de su contrincante, pero esta le resulta esquiva. Le tiende trampas a Casimiro, le escribe artículos tendenciosos, para obligarlo a oponerse. Ataca la fibra más sensible de su ser, lo desafía para que abandone su silencio, pero es inútil.

24 comentarios:

PiojoPromiscuo dijo...

Este fue una mezcla de Dolina con Stephen King, linda mezcla salio.
Tambien me recuerda la ultima pelicula de Batman, en un dialogo, de los muchos geniales que tiene el guion, the Joker le dice a Batman algo asi como que no querria que el muriera dado que sin su nemesis no tendria gracia la vida.

jusamawi dijo...

Yo como lector puedo imaginar si quiero que Roberto eres tú.Tal vez piense,sin embargo, que te escondes tras Casimiro.Por mucho que trates de convencerme de que tú no eres ninguno de los dos no lo podrás conseguir.Siempre será tú palabra contra la mía.En cuanto leo las palabras que dice el personaje le doy vida y lo convierto en persona.Eso es lo grande de la ficción.Lo que es ficción para el autor puede no serlo para el lector.El lector desde el momento en el que lee pasa a ser creador, pues da vida a lo que acaba de leer.
Trata por ejemplo de convencer al mundo de que Sherlock Holmes es un personaje y Conan Doyle su autor.¿Crees que les convencerás?¿Dejarán de sentir como algo real al personaje y harán caso al autor? Puedes crear pero no destruir.

Casimiro

Arlequincita dijo...

Ahora que lo pienso, Casimiro puede necesitar expresar su voz sin que Roberto le brinde el espacio como una dádiva. Tal vez esté agazapado, jugando con la desesperación de Roberto, esperando que su angustia crezca al mismo nivel que su espanto, para darle la estocada final y quedarse con su vida.

difícil la tipa dijo...

Nuevo año, verano, alta sensación térmica: hasta las tipas difíciles nos vemos tentadas de tomar atajos simplistas en estos escenarios.
Yo elegí encontrarme nuevamente con la mirada del otro... algo así como un eslabón en la historia que comenzó allá por mis amigos los esquimales (durante la ausencia de Martín elaboramos juntos estrategias para hacerlo volver); siguió con las palomas traicioneras; multiplicidad de personalidades... y hoy el interesante juego de mirar las cosas cambiando la ubicación del banquito de observar (la verdad tiene tantas versiones como lugares elijamos para analizarla).
A esta altura deben estar todos dormidos: si... soy voluntaria de la Asociación Argentina de Insomnes!
Ya sé!!! Martín, será también el Piojo? o seré yo?

PiojoPromiscuo dijo...

En realidad yo no tengo perfil creado, no tengo internet y es mas, sigo con mi atari 2600 jugando al River Ride III. Ustedes me imaginan como ese enemigo invisible que les hace tantas malas jugadas en la vida. Soy el camillero con mirada pervertida del Hospital Ramos Mejia, el colectivero ojeroso de la linea 25 interno 31, el vendedor de churros grasosos del anden 4 de Constitucion, el cadete que les pierde los inter-office, el linesman que cobra la posicion adelantada inexistente. Pero escribir comentarios en los blogs, eso nunca lo hice, no tengo tanta maldad.

celeste dijo...

Y así fue como el caso Roberto Farías quedó registrado en los manuales de psiquiatría bajo la tipología "esquizofrenia blogoide".

Martín ¿vos sos de los que, como Casciari, agradecen correcciones?

Martín dijo...

Piojo: Ya lo veo a Batman, pasándole dinero al Guasón para justificar su existencia.

Siempre pensé eso de las vanguardias, que por lo general se oponen a un canon anterior, pero sin él, no podrían existir.

Jusamawi: Voy a darte una herramienta para apoyar tu lectura. Es porbable que yo me esconda en Casimiro y en Roberto, pero vos podés descubrirme, como si fuera una berenjena oculta en el pan rallado.

Arlequincita: Un personaje que intenta quedarse con la vida de una persona. Sospecho que es un mal canje.

Difícil la tipa: En serio, ¿nunca pensanste que algunos de los comentaristas podrían ser un invento mío? Como me deprimo cuando no escriben, creo muchas visitas falsas. Pero no soy lo suficientemente perseverante como para convertirme en verdaderamente popular y abandono esa tarea cuando alcanzo 40 acotaciones.

Celeste: Es peligroso decir que acepto correcciones, porque podría aparecer un comando formado por mis padres, mis suegros y otros tantos correctores para modificar cada una de mis conductas. Pero bueno, si hay algo que hice mal, decímelo nomás y trataré de enmendarlo.

PiojoPromiscuo dijo...

Algo de razon tenes, sin los blogs previos en los que entre, el tuyo quizas no me hubiera llamado la atencion (lo que me deja mal parado ya que meti comentarios tanto en esos como en el tuyo, lo que por caracter transitivo me lleva a pensar que soy parte de la mediocridad de la que me alejo).

Anette dijo...

uffff....
Estuve de vacaciones cibernéticas y al llegar me encuentro con este post. Sencillamente me encantó Martín.
Muchas veces, cuando me siento a escribir aparecen en mi cabeza una casimirita que me refuta cada letra que tipeo.
Los días que me hago la distraída escribo porquerías... pero aquellos que la casimirita me gana los dedos, leo aquellas palabras que nunca pensé poder decir.
Feliz 2009 querido blogger!!!
Anette
PD. De chica tuve un gato espantosamente feo. Se llamaba Casimiro. Lo mató un doberman malo propiedad de mis vecimos ricos de al lado.
Tres días despues, mi mamá y yo envenenamos al perro... Vaya asociación la mía, no???

lully desnuda dijo...

Me he quedado con el sinsabor de querer volver a saber de Casimiro en una segunda entrega tuya.
Los blogs siguen dando mucho de qué hablar.

Un abrazo con buena vibra para este 2009!

Cecilia dijo...

Pertenezco al peor grupo de lectores, de esos que leen y disfrutan pero no dejan comentarios. Quizá haya un Casimiro, por ley universal, para compensar a cada uno de nosotros.
Ni recuerdo cómo llegué a este blog, pero está entre mis favoritos. Por favor siga hasta que Casamiro muera por falta de necesidad.
Saludos y feliz año

jusamawi dijo...

Ya te he descubierto.Sé que estás en todas partes.No lo puedes evitar. Uno siempre habla de sí mismo aunque lo disfrace de todas las maneras imaginables.

difícil la tipa dijo...

Si, Martín, en algún momento (creo que antes de arrancar a leer el primero de tus blogs) pensé que alguno de tus comentaristas, podía ser tu Casimiro.
Después de no mucho andar en la lectura deseché la idea. Podrás, como todos, tener varios "otros yo" o costados (como los llamo) pero todos los tuyos abrevan en el mundo real: no son costados de alguien que quedó atrapado en la gran telaraña virtual. Entre ellos, elijo no creer posible que sobreviva Casimiro.
Confieso que en estos días abrí un par de veces el blog esperando encontrar uno nuevo, leí comentarios, casi como evitando responderte. Pero las tipas difíciles nos hacemos cargo de nuestras contradicciones: reconozco que, después de años trabajando para desmalezar mi neurona de prejuicios, uno que no conseguí desalojar, tiene que ver con la riqueza del universo de los ciberadictos.

Paula, la malvada dijo...

"A Roberto Farías le gustaba la palabra berenjena. Sin embargo, no soportaba esta verdura aunque estuviera escondida en pan rallado, disimulada en medio de una milanesa. Por el contrario, odiaba la palabra blogger. No obstante, se convirtió en uno la misma tarde en que decidió volcar sus módicas aspiraciones literarias en Internet."

Excelente principio.

Martín dijo...

Piojo: No está mal ser mediocre. Al fin de cuentas, peor estamos los que constituímos el numeroso grupo de los directamente malos.

Anette: Yo tengo un cierto aprecio por los animales, así que no puedo celebrar el envenenamiento del can vecino. De hecho, ni siquiera mato insectos. Si tengo un mosquito en el brazo, lo ahuyento con la mano. Nunca la estampo sobre su insectidad.

Por otro lado, si existe una justicia gastronómica, que condena la cadena alimenticia, debería rendir cuentas ante los defensores de la vaca que ataqué anoche, sin piedad, en la parrillita de a dos cuadras de mi casa.

Lully: ¿Pero vos también te quedaste pendiente de Casimiro y no de Roberto? Pobre tipo, que ni siquiera tiene la suerte de tener un blog popular.

Acabo de deprimirme leyendo mi última oración.

Cecilia: Bueno, no. El peor grupo de lectores no es el que lee y no comenta, sino aquellos que se parapetan en el árbol que está a la salida de mi edificio y manifiestan su descontento ante cada una de mis frases a trompada limpia.

Igual, yo sigo resistiendo. Pero claro, tu comentario, hasta ahora infrecuente, es un aliciente.

Jusamawi: ¿Estoy en todas partes? Mirá que yo tengo tendencia a creerme Dios. No me des motivos, porque después, quién me aguanta. A menos que hayas querido decirme "gordo".

Y sí, es cierto que siempre hablo de mí mismo. En las charlas de café, atribuyo mis torpezas a mis amigos y me adjudico sus hazañas (siempre que el verdadero autor no se encuentre presente).

Difícil la tipa: Las tipas difíciles aceptan sus contradicciones, pero sólo de a ratos. Ahí radica la dificultad de entenderlas. Por otro lado, tengo la sospecha de que todas las tipas son difíciles.

Paula: No sabés lo que estás haciendo (o tal vez sí). Basta que alguien me diga "qué bueno es el principio" para que yo sospeche que no le gustó el resto. Creo que ya lo dije una vez. No te imaginás lo difícil que es vivir bajo esta cabeza.

Martín dijo...

Todos: Esta semana publico algo. Lo prometo.

PiojoPromiscuo dijo...

este ya parece CFK prometiendo.

Nuria K. dijo...

Hay un libro: "Si una noche de invierno un viajero" de Italo Calvino, que juega un poco con esto. Quién es en realidad el autor. Sos vos?, es Roberto?, a caso es Casimiro? Samuel Beket decía que una vez que el texto está escrito, el autor ya no tiene nada que ver, el texto es independiente al autor. Pero, Roberto puede bancarse la muerte del autor? Acaso Martín podría tolerarlo? Me gustó mucho este cuento y también el comentario que insinúa que tal vez sea Martín su propio lector y autor de comentarios apócrifos. Saludos.

Martín dijo...

Nuria: También existe la posibilidad de que el verdadero autor sea un comentarista y que Martín sea un personaje. Mis patologías pueden ser aún mayores de lo que vos pensás.

Nuria K. dijo...

¿Tus patologías o las del posible comentarista? ¿Este cuento no será acaso un cuento real sobre la ficción? Saludos nuevamente.

Licuc dijo...

¡Qué bueno Martin! hasta ganas me dieron de hacer el experimento en uno de mis blogs a ver qué ocurre.

ApoloDuvalis dijo...

Je, muy buen texto, felicitaciones :)

Martín dijo...

Licuc: Hay cosas con las que es mejor no experimentar. Ya sabés, no lo intenten en sus hogares.

Apolo: Se agradece.

Licuc dijo...

Oficialmente eres famoso, "Adrián" vino a darme quejas a mi blog porque te dije que te faltaba una coma.
;)