Hace algunos años vivía en un piso 14. Cuando tomaba el ascensor, me apoyaba contra el espejo y miraba con temor las luces que indicaba en qué piso estaba. Primero me ponía algo nervioso, pero si pasaba por el piso 10 y el ascensor no se detenía, podía respirar aliviado. Eso significaba que no me encontraría con mi vecina. Se trataba de una madre fundamentalista. Una madre fundamentalista es aquella que profesa una devoción absoluta hacia su hijo e intenta difundir la buena nueva de la existencia de ese ser superior a toda la humanidad, con o sin su consentimiento.
Cuando el azar me detenía en el piso 10, debía soportar durante todo el descenso la repetida y prolongada escena:
Cuando el azar me detenía en el piso 10, debía soportar durante todo el descenso la repetida y prolongada escena:
Vecina:
Decile hola al vecino, decile hola.
Y me ponía al bebé a 5 centímetros de mi cara. El chico, no lo culpo, al verse casi atravesado por mi nariz comenzaba a llorar (yo tenía ganas de hacer lo propio).
Vecina:
Dale, decile hola. ¿Sabés que se llama Martín, como vos?
En medio de esa situación, no podía decirle que me sacara esa cosa de mi rostro. Sonreía y asentía ante cada comentario de la mujer, aunque creía que la mayoría de ellos eran inexactos.
Mirá qué inteligente que es. Mirá qué bien que habla. Decile hola (pero el chico no hablaba, podría ser un loro en su casa, pero en el ascensor, ni una palabra).
Pero es re despierto, mirá, saludalo con la mano (y el chico la terminaba moviendo después de una gran insistencia, quizás porque es más fácil moverla que dejarla absolutamente quieta, pero yo pensaba que un mono amaestrado era capaz de hacer eso y mucho más a cambio de una banana).
Cuando llegaba a planta baja, abría la puerta lo más rápido posible y me escapaba por el pasillo en una carrera disimulada, pero veloz, considerando seriamente en renunciar al ascensor y empezar a usar la escalera, para evitar el fastidio de una nueva conversación trunca con mi tocayo.
Pero no solo los padres pueden incomodarnos en los ascensores, también pueden hacerlo en reuniones sociales, por teléfono, en colectivos y en una cantidad interminable de lugares y ocasiones. Odio ir de visita a la casa de un amigo y tener que contar relatos cortos (es fácil notar que el poder de síntesis no es una de mis virtudes) porque si me extiendo más de dos minutos, mi narrativa se ve interrumpida por un "¡Tomasito!" porque el dichoso Tomasito ha tenido la brillante idea de jugar con una lámpara, que va a terminar destruida en breve.
Por otro lado, es probable que los hijos sean lo más importante para sus padres, pero para el resto del mundo no lo son. Hablar durante tres horas de la mala palabra que gritó en el medio de una iglesia no me parece demasiado divertido.
Además, los padres adquieren un nuevo latiguillo para cerrar cualquier discusión que pueda generarse: "Yo antes pensaba lo mismo, pero cuando seas padre, lo vas a entender". ¿Por qué? ¿Ser padre te transforma el cerebro y te permite captar intelectivamente lo que el resto del mundo no puede ni remotamente imaginar? La verdad es que yo he visto a algunas personas completamente estúpidas, pero con familia numerosa.
Los perros pueden ser babosos, oler mal, pueden morderte, pueden ladrarte. Pero, por lo menos, si les tirás un palito te lo traen.
Cuando llegaba a planta baja, abría la puerta lo más rápido posible y me escapaba por el pasillo en una carrera disimulada, pero veloz, considerando seriamente en renunciar al ascensor y empezar a usar la escalera, para evitar el fastidio de una nueva conversación trunca con mi tocayo.
Pero no solo los padres pueden incomodarnos en los ascensores, también pueden hacerlo en reuniones sociales, por teléfono, en colectivos y en una cantidad interminable de lugares y ocasiones. Odio ir de visita a la casa de un amigo y tener que contar relatos cortos (es fácil notar que el poder de síntesis no es una de mis virtudes) porque si me extiendo más de dos minutos, mi narrativa se ve interrumpida por un "¡Tomasito!" porque el dichoso Tomasito ha tenido la brillante idea de jugar con una lámpara, que va a terminar destruida en breve.
Por otro lado, es probable que los hijos sean lo más importante para sus padres, pero para el resto del mundo no lo son. Hablar durante tres horas de la mala palabra que gritó en el medio de una iglesia no me parece demasiado divertido.
Además, los padres adquieren un nuevo latiguillo para cerrar cualquier discusión que pueda generarse: "Yo antes pensaba lo mismo, pero cuando seas padre, lo vas a entender". ¿Por qué? ¿Ser padre te transforma el cerebro y te permite captar intelectivamente lo que el resto del mundo no puede ni remotamente imaginar? La verdad es que yo he visto a algunas personas completamente estúpidas, pero con familia numerosa.
Los perros pueden ser babosos, oler mal, pueden morderte, pueden ladrarte. Pero, por lo menos, si les tirás un palito te lo traen.